ESCUDO

Agradecida la junta a la Comunidad Carmelita de Cádiz, solicita y obtiene del Prepósito General de la Orden de los Carmelitas Descalzos, Rvdo. Padre fray Felipe Sáinz de Baranda, la concesión del título de "Carmelitas", que con la debida autorización del Vicario General del Obispado de Cádiz-Ceuta, Don Félix González del Moral, queda en lo sucesivo el título de la cofradía definido así: "Cofradía Carmelitana de Penitencia de Ntro. Padre Jesús de la Paz en su Real y Triunfal Entrada en Jerusalén y Nuestra Madre y Señora María Santísima del Amparo" (13 de marzo de 1.989).
Con motivo de la incorporación de ese título, la junta aprueba la modificación del escudo de la cofradía, que queda de la siguiente forma: Cruz de Jerusalén en la parte superior central. A la izquierda y derecha, dos óvalos; el primero con las iniciales J.H.S. y en el segundo el Monte Carmelo con las tres estrellas, ambos entrelazados por la siguiente inscripción: " ZELO ZELATUS SUM PRO DOMINO DEO EXERCITUM " ( Ardo en celo por el Señor de los ejércitos ).
Medio
siglo y ocho años de trabajo intenso. Trabajo denodado porque salir
de San José y volver, es, aún, en Cádiz, una hazaña,
y " La Borriquita " lo hizo mientras pudo y mientras la autoridad
eclesiástica no se metió por medio y trazó un tiempo
de permanencia en la calle.
Años en que el rumbo de las hermandades gaditanas estuvo marcado por
las nuevas tendencias emanadas del Concilio Vaticano II que, mal interpretadas,
siempre chocaban con las tradiciones de las Juntas de Gobierno. Pero de todo
salió triunfadora esta cofradía y hoy es de las pocas que cuenta
con "casa propia" y con unas excelentes relaciones con la Comunidad
de Padres Carmelitas Descalzos. Cofradía
que pone el punto feliz del feliz inicio de la Semana Santa, cuando las puertas
de la bella iglesia conventual del Carmen son golpeadas y se pide la venia
y es como si se abrieran a la luz inigualable de la Alameda las grandes puertas
de bello bronce por donde salen y entran las cofradías de Cádiz;
cuya " cruz de guía " de todas es la Entrada en Jerusalén,
pues no podríamos entender la Semana Santa gaditana sin ver la luz
perfecta de la tarde joven, las palmas que portan los niños, ni el
paso de misterio de Jesús de la Paz y el palio de la Virgen del Amparo,
esa imagen cuyo punto de comienzo fueron unas bellas manos antiguas...
Realeza de Cristo montado en una pollina y amparo e María bajo manto rojo. Palmas y cirios. Olivos e ilusión infantil. Hábitos de color crema claro con botonadura roja. Sangre sobre carne. Antifaz de raso rojo y capas blancas y un J.H.S. y un anagrama de María en esas capas blancas...
Realeza de Cristo y patrocinio de la Virgen. Dos fiestas en noviembre, un mes que camina hacía la Navidad. Un mes en el que se conmemora a los que se fueron y en víspera de la esperanza del feliz nacimiento del que sería luz del mundo que se gestaba en las entrañas purísimas de María, esperanzadora y expectante ante el feliz alumbramiento.
En la ciudad más antigua de occidente, cuna de civilizaciones, madre y cruces de culturas, miticamente fundada y amparada por el fabuloso Hércules, del modo más digno y honroso posible, seguid dando culto fervoroso a ese entrañable misterio que en el orbe cristiano abre las conmemoraciones de la pasión y muerte de Jesús, ese hecho ocurrido precisamente en la titular ciudad de Jerusalén hace ya mil novecientos sesenta y nueve años....
Ángel Mozo Polo.
(Académico Correspondiente de la Real de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla y miembro de Número del Ateneo de Cádiz)